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♦EL HIMNO AKATHISTOS A LA THEOTOKOS

 

EL AKÁTHISTOS - LA ALABANZA A LA MADRE DE DIOS

«El himno oriental «Akáthistos»repite con insistencia este «alégrate»

(del ángel a María)» San Juan Pablo II

 

Introducción

 

¡Qué tesoros encontramos en la tradición de la Iglesia!

 

Hoy queremos hacerles llegar el Himno anónimo denominado “Akáthistos”, joya de las Iglesias de oriente y que cada vez más se está replicando en occidente. Los invitamos a utilizarlo como materia de oración y meditación en estos días de espera a la gran Fiesta de la Inmaculada y también durante su fiesta, en acción de gracias y alabanza a la que recibió tantas gracias en pos de su Maternidad Divina.

 

El “Akáthistos” es un antiguo himno Bizantino que la iglesia de oriente quiso hacer suyo, considerándolo como expresión privilegiada de su piedad mariana y cantándolo entero de pie (de allí su nombre en griego) en señal externa de atención reverente. Es un himno de acción de gracias que, en el rito bizantino tiene su fiesta propia.

 

La ciudad de Constantinopla, consagrada a María, cuando se veía asediada por los bárbaros recurría a su protección; y le daba gracias con vigilias y cánticos en su honor. Según el relato del Sinaxario, el Akáthistos habría tomado su nombre de las celebraciones nocturnas de agradecimiento a María: «Celebramos esta fiesta en recuerdo de las prodigiosas intervenciones de la Inmaculada Madre de Dios. Este himno fue llamado Akáthistos como privado de espacio para sentarse, ya que todo el pueblo estuvo toda la noche entera cantando en pie este himno a la Madre de Dios; y mientras que en todas las demás estrofas se acostumbra a estar sentados, en esta de la Madre Divina todos nos ponemos de pie para escucharla».

 

Como recuerdo de estas liberaciones de Constantinopla, que todos atribuían a la Virgen, quedó la solemne introducción al Akáthistos (probablemente del S.VIII):

 

¡A la invicta estratega

el himno de victoria!

Liberada de cruel desventura,

este canto de gracias

a ti te dedico, yo, tu ciudad,

¡Oh Madre de Dios!

Tú, que gozas

de un poder invencible,

líbrame de toda clase de peligros,

para que te aclame:

¡Ave, Virgen y Esposa!

 

Cuando en 1453 el imperio bizantino cayó bajo los turcos, no se derrumbó esta confianza, sino que se elevó al orden de la gracia: el patriarca Jorge Scholarios decía a María que ya no la importunarían para que salvase a la ciudad, pero que les conservase siempre en la fe de los padres. El Akáthistos sigue siendo el testimonio seguro de la fe.

 

Este himno fue traducido y se canta en todas las lenguas del rito bizantino, tanto de la rama ortodoxa como de la católica, antiguas y recientes. También se tradujo al latín en el año 800, por obra de Cristóbal, obispo de Venecia, ejerciendo así una notable influencia en la himnografía medieval. Hoy es cada vez más conocido y estimado en occidente; son muchas las traducciones a las lenguas modernas, muchas las celebraciones comunitarias y eclesiales en que se utiliza convenientemente. Merece mencionar la solemne conmemoración del 1,550 aniversario del Concilio de Éfeso, que tuvo lugar por expreso deseo del Papa Juan Pablo II en Santa María la Mayor el 7 de junio de 1981, con la presencia de muchos obispos del mundo y representantes de las iglesias ortodoxas y de otras confesiones cristianas; entonces fue cantado el himno por entero por el coro y por la asamblea de los fieles. También, el catecismo de adultos (Señor, ¿a quién iremos?, 1982) en el capítulo dedicado a María recoge dos estrofas junto a la Salve Regina, demostrando así que lo considera como patrimonio común de todas las iglesias.

 

HIMNO “AKÁTHISTOS” COMPLETO

Parte Histórica: Episodios Evangélicos

 

1

Un arcángel excelso

fue enviado del cielo

a decir «Dios te salve» a María.

Contemplándote, oh Dios, hecho hombre

por virtud de su angélico anuncio,

extasiado quedó ante la Virgen,

y así le cantaba:

 

Salve, por ti resplandece la dicha;

Salve, por ti se eclipsa la pena.

Salve, levantas a Adán, el caído;

Salve, rescatas el llanto de Eva.

 

Salve, oh cima encumbrada a la mente del hombre;

Salve, abismo insondable a los ojos del ángel.

Salve, tú eres de veras el trono del Rey;

Salve, tú llevas en ti al que todo sostiene.

 

Salve, lucero que el Sol nos anuncia;

Salve, regazo del Dios que se encarna.

Salve, por ti la creación se renueva;

Salve, por ti el Creador nace niño.

 

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

2

Conociendo la Santa

que era a Dios consagrada,

al arcángel Gabriel le decía:

«Tu mensaje es arcano a mi oído

y difícil resulta a mi alma;

insinúas de Virgen el parto,

exclamando:

 

¡Aleluya!

 

3

Deseaba la Virgen

comprender el misterio

y al heraldo divino pregunta:

«¿Podrá dar a la luz criatura

una Virgen? Responde, te ruego».

Reverente Gabriel contestaba,

y así le cantaba:

 

Salve, tú guía al eterno consejo;

Salve, tú prenda de arcano misterio.

Salve, milagro primero de Cristo;

Salve, compendio de todos los dogmas.

 

Salve, celeste escalera que Dios ha bajado;

Salve, oh puente que llevas los hombres al cielo.

Salve, de angélicos coros solemne portento;

Salve, de turba infernal lastimero flagelo.

 

Salve, inefable, la Luz alumbraste;

Salve, a ninguno dijiste el secreto.

Salve, del docto rebasas la ciencia;

Salve, del fiel iluminas la mente.

 

Salve, ¡Virgen y Esposa!

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

4

La virtud de lo Alto

la cubrió con su sombra

e hizo Madre a la Esposa Inviolada.

Aquel seno por Dios fecundado

 

germinó como fértil arada

para todo el que busca la gracia

y aclama:

 

¡Aleluya!

 

5

Con el Niño en su seno,

presurosa María,

a su prima Isabel visitaba.

El pequeño en el seno materno

exultó al oír el saludo,

y con saltos, cual cantos de gozo,

a la Madre aclamaba:

Salve, oh tallo del verde Retoño;

Salve, oh rama del Fruto incorrupto.

Salve, al pío Arador tú cultivas;

Salve, tú plantas quien planta la vida.

 

Salve, oh campo fecundo – de gracias copiosas;

Salve, oh mesa repleta – de dones divinos.

Salve, un Prado germinas – de toda delicia;

Salve, al alma preparas – Asilo seguro.

 

Salve, incienso de grata plegaria;

Salve, ofrenda que el mundo concilia.

Salve, clemencia de Dios para el hombre;

Salve, del hombre con Dios confianza.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

6

Con la mente en tumulto,

inundado de dudas,

el prudente José se debate.

Te conoce cual Virgen intacta;

desposorios secretos sospecha.

Al saber que es acción del Espíritu,

exclama:

 

¡Aleluya!

 

7

Los pastores oyeron

los angélicos coros

que al Señor hecho hombre cantaban.

Para ver al Pastor van corriendo;

un Cordero inocente contemplan

que del pecho materno se nutre,

y a la Virgen le cantan:

 

Salve, Nutriz del Pastor y Cordero;

Salve, aprisco de fieles rebaños.

Salve, barrera a las fieras hostiles;

Salve, ingreso que da al Paraíso.

Salve, por ti con la tierra – exultan los cielos;

 

Salve, por ti con los cielos – se alegra la tierra.

Salve, de Apóstoles boca – que nunca enmudece;

Salve, de Mártires fuerza – que nadie somete.

 

Salve, de fe inconcuso cimiento;

Salve, fulgente estandarte de gracia.

Salve, por ti es despojado el averno;

Salve, por ti revestimos la gloria.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

8

Observando la estrella

que hacia Dios los guiaba,

sus fulgores siguieron los magos.

Era antorcha segura en su ruta;

los condujo ante el Rey Poderoso.

Al llegar hasta el Inalcanzable,

le cantan:

 

¡Aleluya!

 

9

Contemplaron los magos

entre brazos maternos

al que al hombre plasmó con sus manos.

Comprendieron que era Él su Señor,

a pesar de su forma de esclavo;

presurosos le ofrecen sus dones

y a la Madre proclaman:

 

¡Aleluya!

 

10

Portadores y heraldos

de Dios eran los magos

de regreso, allá en Babilonia.

Se cumplía el oráculo antiguo

cuando a todos hablaban de Cristo,

sin pensar en el necio de Herodes

que no canta:

 

¡Aleluya!

 

Salve, oh Madre del Sol sin ocaso;

Salve, aurora del místico Día.

Salve, tú apagas hogueras de errores;

Salve, Dios Trino al creyente revelas.

Salve, derribas del trono – al tirano enemigo;

 

Salve, nos muestras a Cristo – el Señor y el Amigo.

Salve, nos has liberado – de bárbaros ritos;

Salve, nos has redimido – de acciones de barro.

 

Salve, destruyes el culto del fuego;

Salve, extingues las llamas del vicio.

Salve, camino a la santa templanza;

Salve, alegría de todas las gentes.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

11

Simeón el anciano,

al final de sus días,

de este mundo dejaba la sombra.

Presentado le fuiste cual Niño

mas, al verte cual Dios poderoso,

admiró el arcano designio

y gritaba:

 

¡Aleluya!

 

 

 

Parte Dogmática: Misterios de la fe

 

12

Renovó el Excelso

de este mundo las leyes

cuando vino a habitar en la Tierra.

Germinando en un Seno incorrupto

lo conserva intacto cual era.

Asombrados por este prodigio

a la Santa cantamos:

 

Salve, levantas al género humano;

Salve, humillas a todo el infierno.

Salve, conculcas engaños y errores;

Salve, impugnas del ídolo el fraude.

Salve, oh mar que sumerge – al cruel enemigo;

 

Salve, oh roca que das de beber – a sedientos de Vida.

Salve, columna de fuego – que guía en tinieblas;

Salve, amplísima nube – que cubres el mundo.

 

Salve, nos diste el Maná verdadero;

Salve, nos sirves Manjar de delicias.

Salve, oh tierra por Dios prometida;

Salve, en ti fluyen la miel y la leche.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

13

Ante el Parto admirable,

alejados del mundo,

hacia el Cielo elevamos la mente.

El Altísimo vino a la tierra

con la humilde semblanza de un pobre

y enaltece hasta cumbres de gloria

a quien canta:

 

¡Aleluya!

 

14

Habitaba en la Tierra

y llenaba los cielos

la Palabra de Dios infinita.

Su bajada amorosa hasta el hombre

no cambió su morada superna.

Era el Parto divino de Virgen

que este canto escuchaba:

 

Salve, azucena de intacta belleza;

Salve, corona de noble firmeza.

Salve, la suerte futura revelas;

Salve, la angélica vida desvelas.

Salve, frutal exquisito – que nutre a los fieles;

 

Salve, ramaje frondoso – que a todos cobija.

Salve, llevaste en el seno – quien guía al errante;

Salve, al mundo entregaste – quien libra al esclavo.

 

Salve, plegaria ante el Juez verdadero;

Salve, perdón del que tuerce el sendero.

Salve, atavío que cubre al desnudo;

Salve, del hombre supremo deseo.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

15

Todo el orden angélico

asombrado contempla

el misterio de Dios que se encarna.

Al Señor, al que nadie se acerca,

hecho hombre, accesible, admira

caminar por humanos senderos,

escuchando:

 

¡Aleluya!

 

16

Todo el orden angélico

asombrado contempla

el misterio de Dios que se encarna.

Al Señor, al que nadie se acerca,

hecho hombre, accesible, admira

caminar por humanos senderos,

escuchando:

 

¡Aleluya!

 

Salve, mansión que contiene el Inmenso;

Salve, dintel del augusto Misterio.

Salve, de incrédulo equívoco anuncio;

Salve, del fiel inequívoco orgullo.

Salve, carroza del Santo – que portan querubes;

 

Salve, sitial del que adoran – sin fin serafines.

Salve, tú sólo has unido – dos cosas opuestas:

Salve, tú sola a la vez – eres Virgen y Madre.

 

Salve, por ti fue borrada la culpa;

Salve, por ti Dios abrió el Paraíso.

Salve, tú llave del Reino de Cristo;

Salve, esperanza de bienes eternos.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

17

Oradores brillantes

como peces se callan

ante Ti, Santa Madre del Verbo.

Cómo ha sido posible no entienden

ser Tú Virgen después de ser Madre.

El prodigio admiramos tus fieles,

y con fe proclamamos:

 

Salve, sagrario de arcana Sapiencia;

Salve, despensa de la Providencia.

Salve, por ti se confunden los sabios;

Salve, por ti el orador enmudece.

Salve, por ti se aturden – sutiles doctores;

 

Salve, por ti desfallecen – autores de mitos;

Salve, disuelves enredos – de agudos sofistas;

Salve, rellenas las redes – de los Pescadores.

 

Salve, levantas de honda ignorancia;

Salve, nos llenas de ciencia superna.

Salve, navío del que ama salvarse;

Salve, oh puerto en el mar de la vida.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

18

 

Por salvar todo el orbe,

el Divino Alfarero

hasta el mundo bajó, porque quiso.

Por ser Dios era Él Pastor nuestro;

se mostró por nosotros Cordero;

como igual sus iguales atrae;

cual Dios oye:

 

¡Aleluya!

 

19

Virgen, Madre de Cristo.

Baluarte de vírgenes

y de todo el que en Ti se refugia

el Divino Hacedor te dispuso,

al tomar de Ti carne en Tu seno;

y enseña a que todos cantemos

en Tu honor, oh Inviolada:

 

Salve, columna de sacra pureza;

Salve, umbral de la vida perfecta.

Salve, tú inicias la nueva progenie;

Salve, dispensas bondades divinas.

Salve, de nuevo engendraste – al nacido en deshonra;

 

Salve, talento infundiste – al hombre insensato.

Salve, anulaste a Satán – seductor de las almas;

Salve, nos diste al Señor – sembrador de los castos.

 

Salve, regazo de nupcias divinas;

Salve, unión de los fieles con Cristo.

Salve, de vírgenes Madre y Maestra;

Salve, al Esposo conduces las almas.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

20

Impotente es el canto

que alabar presumiera

de Tu gracia el caudal infinito.

Como inmensa es la arena en la playa

pueden ser nuestros himnos, Rey Santo,

mas no igualan los dones que has dado

a quien canta:

 

¡Aleluya!

 

21

Como antorcha luciente

del que yace en Tinieblas

resplandece la Virgen María.

Ha encendido la Luz increada;

su fulgor ilumina las mentes

y conduce a la ciencia celeste

suscitando este canto:

 

Salve, oh rayo del Sol verdadero;

Salve, destello de Luz sin ocaso.

Salve, fulgor que iluminas las mentes;

Salve, cual trueno enemigos aterras.

Salve, surgieron de ti – luminosos misterios;

 

Salve, brotaron en ti – caudalosos arroyos.

Salve, figura eres tú – de salubre piscina;

Salve, tú limpias las manchas – de nuestros pecados.

 

Salve, oh fuente que lavas las almas;

Salve, oh copa que vierte alegría.

Salve, fragancia de ungüento de Cristo;

Salve, oh Vida del sacro Banquete.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

22

 

Por querer perdonarnos

el pecado primero,

el que paga las deudas de todos,

de sus prófugos busca el asilo,

libremente del cielo exiliado.

Mas, rasgando el quirógrafo antiguo,

oye un canto:

 

¡Aleluya!

 

23

Celebrando Tu parto,

A una voz te alabamos

Como Templo viviente, Señora.

Ha querido encerrarse en Tu seno

El que todo contiene en su mano,

El que Santa y gloriosa te ha hecho,

El que enseña a cantarte:

 

 

Salve, oh tienda del Verbo divino;

Salve, más grande que el gran Santuario.

Salve, oh Arca que Espíritu dora;

Salve, tesoro inexhausto de vida.

Salve, diadema preciosa – de reyes devotos;

 

Salve, orgullo glorioso – de sacros ministros.

Salve, firmísimo alcázar – de toda la Iglesia;

Salve, muralla invencible – de todo el Imperio.

 

Salve, por ti enarbolamos trofeos;

Salve, por ti sucumbió el adversario.

Salve, remedio eficaz de mi carne;

Salve, inmortal salvación de mi alma.

Salve, ¡Virgen y Esposa!

 

 

 

24

Digna de toda loa,

Madre santa del Verbo,

el más Santo entre todos los Santos.

Nuestra ofrenda recibe en el canto;

salva al mundo de todo peligro;

del castigo inminente libera

a quien canta:

 

¡Aleluya!

 

 

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