“Es inevitable que algunas veces discutamos,” reconoció, “pero lo que es importante es el arte de la reconciliación, del perdón, de comenzar de nuevo sin dejar que el rencor quede en nuestros corazones”. (P. Benedicto XVI, Mensaje durante la Jornada Mundial de la Paz 2002)
La petición de perdón y el don del perdón, igualmente debido —porque para todos vale la advertencia de Nuestro Señor: “¡el que esté sin pecado, que tire la primera piedra!” (cf. Jn 8,7) —son elementos indispensables para la paz. La memoria queda purificada, el corazón apaciguado, y se vuelve pura la mirada sobre lo que la verdad exige para desarrollar pensamientos de paz. No puedo dejar de recordar las iluminadoras palabras de Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón”
(Discurso de Su Santidad Benedicto XVI al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, lunes 9 de enero de 2006).
Al dirigirnos al divino Maestro, al convertirnos a Él, al experimentar su misericordia gracias al sacramento de la Reconciliación, descubriremos una «mirada» que nos escruta en lo más hondo y puede reanimar a las multitudes y a cada uno de nosotros.
(Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI en la Cuaresma de 2006)
Soportándoos unos a otros, perdonándoos mutuamente si alguno tiene queja contra el otro. Como el Señor os perdonó, así también vosotros. (Colosenses 3:13)
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. (Mateo 6:12)
Porque si perdonáis a los hombres sus falta, también os perdonará vuestro Padre Celestial. (Mt 6:14)
Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestros pecados. (Mt 6:15)
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó: Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y les propuso esta parábola: el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.". Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes." Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré." Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?".Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano. (Mateo 18:10-35)
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“Hoy quiero hablaros del perdón. Hermanas, os pido que os perdonéis las unas a las otras y pediros unas a otras el perdón. Hay tanto sufrimiento y desdicha por la falta de perdón… Hermanas, recordad que en Padre Nuestro decimos “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.” Si no perdonamos, no podemos ser perdonados. Mira dentro de tu corazón. ¿Sientes rencor contra alguien? Si es así busca a esa persona o escríbela – puede ser una hermana o un pobre o alguien en tu casa. Perdona; sino no serás libre para amar a Jesús con todo nuestro amor. No guardes ningún rencor en tu corazón. … algunos dicen “Perdono, pero no olvido.” La confesión es el perdón – el tipo de perdón que Dios da y debemos aprender. Hace muchos años, alguien dijo esto o hizo aquello, y todavía ahora seguimos diciendo “Ella dijo esto, ella… y ella… y ella…”. Había un sacerdote enfrentado con el obispo por alguna razón. Había tanto rencor en sus homilías, y un día me dijo “No le perdonaré. No lo haré”. Le dije “Esta es tu oportunidad; ofrece tu perdón al obispo. Es la única palabra que él quiere de ti.”. Yo estaba rezando y todas las hermanas estaban dentro, rezando también. Cuando terminé de rezar, el sacerdote me dijo “Madre Teresa, me puede dar un papel” Le di un papel y estaba muy contengo. Lo llevé luego al obispo y le di el papel allí, sino podría haber cambiado de opinión y le dijo “Esto no es suficiente; di “yo perdono” – y así lo hizo.”
“Perdónanos . . . como nosotros perdonamos . . .” ¡Qué mentira decir que “perdonamos” si no lo hacemos. Cuando llegues a esa parte del Padre Nuestro, para y pregúntate, “¿Es cierto lo que estoy diciendo?”
“Sólo cuando nos sabemos necesitados de perdón, podemos perdonar. No puedes rezar el Padre Nuestro con honestidad – estás mintiendo; examínate y pregúntate si hay algo que no hayas perdonado. ¿Hay alguien que aún te daña? Busca a esa persona.
No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. (Lucas 6:37)
La mujer adúltera
Se fue Jesús al monte de los Olivos; pero, de mañana, otra vez volvió al templo, y todo el pueblo venía a El, y, sentado, les enseñaba. Los escribas y fariseos trajeron a una mujer tomada en adulterio y, poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la Ley nos ordena Moisés apedrear a éstas; tú ¿qué dices? Esto lo decían tentándole, para tener de qué acusarle. Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en la tierra. Como ellos insistieron en preguntarle, se incorporó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, arrójele la piedra el primero. E inclinándose de nuevo, escribía en tierra. Ellos que le oyeron fueron saliéndose uno a uno, comenzando por los más ancianos, y quedó El solo, y la mujer en medio. Incorporándose Jesús, le dijo: Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? Dijo ella: Nadie, Señor. Jesús dijo: Ni yo te condeno tampoco; vete y no peques más. (Juan 8:1-11)
<<<Fondos de escritorio con Reflexiones de la Madre:
“Pienso en nuestro Señor cuando dijo a la gente alrededor de la mujer pecadora que tirarán la piedra solo si estaban libres de pecado. Como sabéis todos se fueron yendo porque sabían que Jesús conocía sus pecados. Cuando hablamos sin caridad – de frente o a españdas; cuando hacemos comentarios dañinos… escuchemos a Jesús diciendo – “tira la piedra sólo si estás libre de pecado”. Decidme quién podrá hacerlo.
“Jesús tuvo compasión de los pecadores. La mujer pecadora quedó frente a Jesús y Él no la condenó. Eso es la confesión. Yo también necesito que se me perdone. La confesión es quedarse frente a Jesús como la mujer pecadora, porque he pecado.”
“Debemos recordar – no podemos evitar ver las faltas de…. la gente y de los niños, pero … no debemos juzgar sus intenciones – la intención sólo la conoce Jesús. Por eso Jesús es tan cariñoso y lleno de misericordia, porque Él sabe porque lo hicimos.”
3 ª Semana (18 – 24 Octubre)
<<<Fondos de escritorio con Escrituras:
Si confesamos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonar nuestros pecados y purificarnos de toda injusticia. (1 Juan 1:9)
La parábola del hijo pródigo
«Dijo también: Un hombre tenía dos hijos; el más joven de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de hacienda que me corresponde. Y les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo más joven, reuniéndolo todo, se fue a un país lejano y malgastó allí su fortuna viviendo lujuriosamente.
Después de gastar todo, hubo una gran hambre en aquella región y él empezó a pasar necesidad. Fue y se puso a servir a un hombre de aquella región, el cual lo mandó a sus tierras a guardar cerdos; le entraban ganas de saciarse con las algarrobas que comían los cerdos; y nadie se las daba. Recapacitando, se dijo: ¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan abundante mientras yo aquí me muero de hambre! Me levantaré e iré a mi padre y le diré: padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; trátame como a uno de tus jornaleros. Y levantándose se puso en camino hacia la casa de su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y se compadeció; y corriendo a su encuentro, se le echó al cuello y lo cubrió de besos. Comenzó a decirle el hijo: Padre, he pecado contra el Cielo y contra ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Pronto, sacad el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo, y vamos a celebrarlo con un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado. Y se pusieron a celebrarlo.
El hijo mayor estaba en el campo; al volver y acercarse a casa oyó la música y los cantos y, llamando a uno de los criados, le preguntó qué pasaba. Este le dijo: Ha llegado tu hermano, y tu padre ha matado el ternero cebado por haberle recobrado sano. Se indignó y no quería entrar, pero su padre salió a convencerlo. El replicó a su padre: Mira cuántos años hace que te sirvo sin desobedecer ninguna orden tuya, y nunca me has dado ni un cabrito para divertirme con mis amigos. Pero en cuanto ha venido este hijo tuyo que devoró tu fortuna con meretrices, has hecho matar para él el ternero cebado. Pero él respondió: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero había que celebrarlo y alegrarse, porque ese hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado.' (Lucas 15)
<<<Fondos de escritorio con Reflexiones de la Madre: ......
“Mirad, el hijo pródigo pudo volver con su Padre sólo cuando se dijo “Me levantaré, iré y le diré. Diré a mi padre que soy un pecador y que estoy arrepentido.” No podía decirle a su Padre “Lo siento” hasta que decidió “iré”. Sabía que en su hogar había amor, cariño – que su Padre le amaba. Nuestra Madre nos ayudará a hacerlo. Hagámoslo hoy: levantémonos y vayamos a ver al Padre y digámosle que no merecemos estar aquí – ser Suyos.
“El Padre está para perdonarte los pecados. Le decimos a Dios nuestros pecados y obtenemos su perdón. Dios quita nuestros pecados. Debemos ser sencillos como un niño “Me levantaré e iré a ver a mi Padre.” Y ¿Qué hace Dios? ‘Pronto, sacad ropas, el anillo, las sandalias, el ternero cebado”… y celebrémoslo. ¿Por qué? Porque “este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida”. Es lo mismo con nosotros, debemos tener la sencillez de un niño, ir a confesión… ¿Quién puede ayudarte a preparar bien la confesión? Solo Nuestra Señora – nunca la prepares sin ella, ve siempre a Nuestra Señora. Dios ha sido tan bondadoso dándonosla como Madre.”
“Me levantaré e iré a ver a mi Padre.” … La confesión—[es] una expresión de nuestra necesidad de ser perdonados, no de falta de valor. La confesión no se instituyó el Viernes Santo Friday sino el Domingo de Resurrección, por lo tanto significa alegría. No fue establecida como una tortura, sino como un medio para alcanzar la alegría. En Roma, nuestras hermanas encontraron a un hombre, terriblemente sucio. Limpiaron su casa y le asearon, y el no decía nada. Cuanto terminaron, el dijo “Habéis traído a Dios a mi vida, ahora traedme también a un sacerdote”. Después de sesenta año, se confesó. Mirad, Hermanas, que maravilloso – el trabajo humilde trajo a Dios a su vida.
“Un [paciente] estuvo agonizando por tres días y no podía morir. La hermana le preguntó: "¿hay algo que te preocupe?, ¿qué te duele?” Y el joven respondió. "Hermana, no puedo morir hasta que no le haya pedido perdón a mi padre". La hermana averiguó donde vivía el padre y lo trajo donde su hijo estaba. El padre: “Mi amado hijo”, el hijo “Padre, perdóname”. El padre y el hijo perdonándose el uno al otro, besándose y abrazándose. Dos horas después, el hijo murió. Que emocionante…”
"Pues tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que crea en Él no muera, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16)
Jesús decía, "Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen. Y se repartieron sus vestidos echando suertes. (Lucas 23:34)
Por quien tenemos la redención, gracias a su sangre, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia. (Efesios 1:7)
<<<Fondos de escritorio con Reflexiones de la Madre:
“¡Qué distintos somos a Él. Tenemos tan poco amor, tan poca compasión, tan poco perdón, tan poca bondad que no merecemos estar tan cercanos a Él, ni entrar en Su corazón. Su Corazón sigue abierto para abrazarnos. Aún hoy, Su cabeza tiene aún la corona de espinas, Sus manos tienen los clavos de la Cruz. Averigüemos, “¿Son míos los clavos? ¿Es mío ese esputo en Su cara? ¿Qué parte de Su cuerpo, de Su mente ha sufrido por mi culpa?” Sin ansiedad ni miedo, pero con un corazón humilde y manso, intentemos averiguar que parte de Su cuerpo [ha sufrido], [cuáles son] las heridas que infligió mi pecado. No lo hagamos solos, pongamos nuestra mano sobre la Suya. Está aquí para perdonar setenta veces siete; mientras mi Padre me ame, me llame de una manera especial dándome un nombre; pertenezco a Él con todas mis miserias, mis pecados, mis debilidades, mi bondad… Soy Suya . . .”
“La confesión es necesaria para nosotros. Se trata de humildad en acción. Le llamamos penitencia, pero en realidad es el sacramento del amor, del perdón. Por ello no debería tratarse del lugar donde hablar durante horas de nuestras dificultades. Debe ser el lugar donde permita que Jesús retire de mi todo lo que divide, lo que destruye. Cuando hay una brecha entre Cristo y yo, y mi amor está dividido, cualquier cosa puede rellenar el hueco. Si realmente quieres entender el amor de Cristo por los hombres, acude a confesión. Se sencillo como un niño durante la confesión. “Aquí estoy, como un hijo dirigiéndose a su Padre.” Si el niño no está mimado y no ha aprendido a mentir, lo dirá todo. A eso me refiero cuando digo que en la confesión debemos ser “como niños”.
“Permítenos corresponder a la gran sed de Dios a través de nuestra confianza en Su amor por nosotros y de nuestra total y alegre entrega a Su Voluntad. Permite que nos dirijamos a Dios con profunda fe y amor, arrepentidos por nuestros pecados y suplicando Su clemencia. Permite que nos dirijamos los unos a los otros pidiendo perdón por todo el daño que nos hayamos causado y perdonando el daño recibido.”
“Jesús quiere que nosotros seamos Su misericordia, Su compasión. Eso es una Misionera de la Caridad; alguien que porta Su amor y Su paz.”
Beata Teresa, nos mostraste en ti, la belleza de una vida vivida por amor y para amar y no dejas de recordarnos que fuimos "creados para cosas más grandes, para amar y ser amados."Ayúdanos a vivir una vida de amor que sea digna de llamarnos hijos de Dios. Amén.
Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Donde haya ofensa, traiga yo perdón.
Beata Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros!
Beata Teresa, nos mostraste en ti, la belleza de una vida vivida por amor y para amar y no dejas de recordarnos que fuimos "creados para cosas más grandes, para amar y ser amados."Ayúdanos a vivir una vida de amor que sea digna de llamarnos hijos de Dios. Amén.
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Beata Madre Teresa de Calcuta, ruega por nosotros!
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